miércoles, 22 de febrero de 2012

RUTA DE SENDERISMO: CUESTA DE LA TRAICIÓN

Salimos desde El Cerrillo, y de inmediato se encuentra la Cuesta de la Traición (perfectamente señalizada), el término de esta ruta era El Lagar de la Cruz, junto a las piscinas de Assuan. Nos quedamos a solo 50 metros del lugar señalado, y alli repusimos fuerzas. 
Fran (nuestro monitor), nos fue poniendo en antecedentes: En época romana esta calzada (calzada romana) era conocida como Camino del Pretorio comenzando en la Porta Pretoria, en la muralla norte que rodeaba la ciudad romana de Corduba. En aquel tiempo era el enlace con los enclaves mineros de la sierra de Córdoba.


Fuimos entrando en un paraje maravilloso en el mismo umbral donde termina la ciudad y empieza la sierra. 

En medio de este paraje que para algunos nos pareció increíble, nos fue señalando los restos del muro que separaban la calzada, del Arroyo del Moro; la Fuente de la Raja, que servia de abrevadero para el ganado, y que según la leyenda hay que beber allí para no deshidratarse y rejuvenecer. En este intricado y sinuoso camino, vemos una señalización de cómo se construían las calzadas romanas. Ya en aquel tiempo eran un extraordinario trabajo de ingeniería civil. 

Entramos de lleno en mitos y leyendas de la Cuesta de la Traición, y nos decía Fran que este nombre le vino por ser un camino de bandoleros que la utilizaban para asaltar a los viajeros que por allí pasaban. También parece ser que era un lugar romántico para las citas amorosas. Una de estas citas, que dicen, terminó en tragedia como los buenos folletines de la época, sin embargo el sostiene que es más leyenda que otra cosa. En estos versos de autor anónimo, traslucen más un amor juvenil que otra cosa. La canción para no ser menos se llama “Cuesta de la Traición”, y dicen así sus versos: Por la Cuesta de la Traición/ Subiendo yo me encontraba/ Despedía a mi bandolero/ Que por aquel paso medraba// Qué jaca tan bien plantá / La que mi novio llevaba/ En su grupa yo era reina/ De Cordobita la Llana // Bajando para El Cerrillo / En la Mejilla él me besó / Amapola era mi cara / Alegría mi corazón/.

Este bosque que nos rodea fue en el Terciario (¿), bosque tropical, más tarde es toda la sierra un símbolo extraordinario de lo que es el Bosque Mediterráneo, donde abundan las encinas , los alcornoques, los acebuches, y las plantas aromáticas como el romero, y la lavanda. Muchos, muchos, lentiscos, jaras y madroños, como estos que podéis ver en la fotografía pueden ser un bocado exquisito en la mitad del camino. 

Acompañados durante todo el tiempo de un sinfín de pajarillos (jilgueros, verdones, perdices) que no dejaban de trinar por cada rincón por el que nos adentrábamos. Un sinfín de flautas tocando a nuestro alrededor nos hicieron el camino, aunque empinado (en su ascenso), alegre y distinto, del tiempo que pasamos en la ciudad. Todos íbamos disfrutando de lo lindo. 

Ya de vuelta, y de haber repuesto fuerzas, bajábamos a trompicones, unas veces, y otras con sumo cuidado pisábamos los peñascos que en el camino no faltaron. Por último contaros otra historia que Fran, a la vez que íbamos andando, como si fuera un contador de cuentos, me decía: los piconeros eran gente de lo más humilde: Su gorrilla, su fajín, su jocino (hocino) y junto a él su burro o burros cargados con sacos de picón. Pero hay una historia que data de 1.368 que te voy a contar-me dice Fran-: Pedro I El Cruel se disponía a atacar la ciudad de Córdoba y fueron los piconeros de Santa Marina quienes la defendieron, y José María Rey Heredia le dedica unos versos a esta defensa, que dicen así: 



Allá en Santa Marina 
Y San Lorenzo acudieron 
Con sus hocinos y porras 
Bandadas de piconeros
Cuyas pupilas brillaban 
En sus rostros casi negros




Ya esto nos dio para llegar al Cerrillo (punto de partida), aunque cansados, estábamos satisfechos de todo lo aprendido, de los cuentos y leyendas, de la calzada romana, del arroyo del moro, de los Piconeros de Córdoba….. 
Os animamos para la próxima, para que veáis lo que da de si una mañana en el campo.

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